Ayer me dijeron esta frase. Me recomendaron que la memorizara, la pusiera en sitios visibles y la tuviera muy presente. ¿Evito la vida? A veces sí, he aprendido a no mirar, a ponerme la coraza, encender el piloto automático y continuar... pero, como bien dice la frase... así no se VIVE.
Creo que veo el vaso medio lleno, pero al menor contratiempo, me enfado y me derrumbo. La verdad es que llevo una temporada larga ¡muy agotada! No sé si será parte del proceso, de la metamorfosis que me está sucediendo.
Leo y releo la frase... tengo ganas de enviártela, de compartirla contigo, de leerla y releerla juntos y que ambos dejemos de evitar la vida.
No lo haré, no te la enviaré... no debo.
Pero sí puedo y quiero, soñar... es lo único que me queda. Y decirte, a través de éste, mi rincón cibernético invisible, que me encantaría compartir contigo las oscuridades, para poder encender juntos la luz; me encantaría sentarme en una playa, delante del mar y ver atardecer junto a ti; compartir buenos momentos, acompañarte en los que no sean tan buenos; planear viajes soñados juntos; cogerte de la mano y sentir todos tus deditos rozando mi mano; sentarnos a tomar un café con leche, cortito de café y mi té, dedicando las horas a hablar, hablar y hablar; disfrutar del silencio, sintiéndonos más unidos si cabe por ese espacio. Me encantaría conocerte, compartir, caminar... y cuando pase el tiempo y empecemos a conocer nuestras imperfecciones, disfrutar de ellas, aceptarlas, tolerarlas porque será más grande el amor y pesará más en la balanza.
No sé si llegaremos a encontrarnos. Ahora te busco y no te encuentro; cuando tú me mirabas, yo no te quería ver... ¡paradojas de la vida!
Cierro la puerta, así lo has decidido, pero no puedo cerrar mi corazón: ahí te llevaré siempre.
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