¡Así estoy hoy! Ayer te vi y no puedo mirarte a los ojos porque me derrito. Intento disimular que le he puesto fin a mis sentimientos, pero es engañarme... Te veo y haces sonreir mi corazón.
Aparcaba mi coche, atacada de los nervios porque venía corriendo del polígono y pensaba que no llegaba. Estaba escribiendo en mi agenda, perfumándome (es que una es "algo"coqueta, aunque intente que no se note ;)) y, de repente me giro, te veo allí, de pie, mirando al interior de mi coche. El corazón me dio un vuelco: entre sorpresa, alegría, desconcierto... ¡no te esperaba! Ya me puse nerviosa, algo atacada que iba por las prisas, mi despiste habitual y los nervios de verte, que menos mal que me dijiste: ¿has cerrado el coche? porque me iba dejando el coche abierto, las llaves puestas. Imagino que por dentro debías estar riéndote de ¡cuán desastre es esta chica!
Subimos juntos, hablando... cuando te oigo hablar, cuando me escuchas, cuando te siento a mi lado ¡mi corazón empieza a latir con fuerza! Y cuando se juntó mi mano a la tuya y notaba tu temblor, hubiera querido cogerte con las dos manos, mirarte a tus ojos de mar y decirte: tranquilo.
Decidí trabajar lo mío, me daba igual que estuvieras y no quise que salieras. El destino quiso que trabajaras para mi, me pediste: ¿quieres que salga? Sé que te miré con ojos sinceros, que no sé si supiste ver, porque estaba muy nerviosa. No quise sacarte en un primer momento porque no quería ponerte en un compromiso... pero, todo pasa por alguna razón. Fue un trabajo bonito y agradezco de corazón tu entrega en ella.
Aquellas tres horas y media hubiera querido que fueran eternas.
Llegaron las once, nos fuimos juntos a los coches, nos despedimos y viniste a darme dos besos que me supieron a gloria: el regalo de la noche. Allí, entre rayos y con olor a lluvia, tenía que controlarme para no expresarte lo que sentía: te hubiera abrazado y besado despacito, con toda la dulzura que sentía por ti en ese momento. Me metí en el coche rauda y veloz, salí sin rumbo, era incapaz de volver a casa, necesitaba calmar mi revolución interna y me fui a dar vueltas bajo la tormenta: sólo estabas tú en mi mente, en mi corazón y en mi alma.
P.D. Mis ilusiones siguen pegadas con tiritas... y compraré más si hace falta.
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