lunes, 2 de agosto de 2010

Así fue...

Así fue... sin pensarlo, sin prepararlo... quiso invitarla y enseñarle su trabajo, su sueño, su arte, su alma. Así fue como poco a poco, abrió su corazón sin apenas darse cuenta.
Ella aceptó, ya con la resignación de esos sueños que creía olvidados. Llegó temblorosa, aún notaba ciertas mariposas, pero en pocos minutos él consiguió que se sintiera cómoda, con confianza. Así fue como empezó a mostrarle su trabajo, sentado junto a ella, hoja tras hoja le iba explicando la historia de ese trocito de su vida, con escritos, con imágenes... Así fue como pasaron las horas sin darse cuenta, entre palabras, preguntas, respuestas, más palabras, palabras con miradas, miradas con silencios, sonrisas... el tiempo se detuvo en ese instante, los dos palpitaban al unísono. Él consiguió que ella sintiera su pasión, le hablaba ensimismado, intentando poner palabras a tanta historia de imágenes y letras. Mientras tanto ella sonreía: era feliz; escuchándole era feliz, sientiendo ese amor era feliz, sintiéndole cerca era feliz.
Se hizo de noche, la excusa perfecta para seguir la conversación compartiendo una cena.
Así fue, como sin saberlo, estaban viviendo su primera cita.
¿Comemos algo? ¿Tienes hambre? -le dijo él-
Ella dudó, volvieron sus miedos por un momento... pero apagó su cabeza y dejó hablar a su corazón, dispuesta a dejarse llevar por sus sentimientos, le dijo que sí... comamos algo aquí.
Siguieron hablando entre manteles, abriendo su corazón, compartiendo confidencias, sueños, realidades, hablando del presente, de ilusiones del futuro y mientras tanto se iban embriagando de una pasión desconocida. Las miradas eran tiernas, decían tanto en ese cruce de silencios. Así fue como casi sin quererlo surgió el primer beso, un tierno y cálido beso en sus dulces labios. Él la abrazó, la miró y volvió a besarla y así una vez y otra vez... no pudo parar de abrazarla, de mirarla, de besarla. Ella temblaba a la vez que le miraba, sonreía, reía, le cogía la cara, le abrazaba, le besaba. Entre caricias la noche se paró, el tiempo se detuvo, sólo estaban ellos dos, fundidos en un amor infinito. Besos, abrazos y confidencias. Caricias anheladas de dar y recibir, fue una noche larga y corta en su belleza. Les abrazó la luna de la manera más hermosa que puede acunar a dos enamorados. Así fue... como llegó la mañana, ella le observaba, le acariciaba... estaba más guapo que nunca con el pelo despeinado, la cara somnolienta... le besó, un beso largo y cálido. Se vistió y desapareció llena de vida y de amor.

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